La historia de la cultura de Haití no es un tema que podamos tratar detalladamente,Sin embargo, es posible presentar, en este artículo, algunos aspectos:
Haití es un país bilingüe, pero no como Suiza, o como el Canadá, en donde dos elementos diferentes hablan dos idiomas distintos; tampoco como Puerto Rico donde se habla indiferentemente el español o el inglés. En Haití, la frontera enire los dos idiomas no es geográfica, sino social; por lo tanto se trata de una diferencia de clase y educación. Al lado del francés, que es la lengua oficial, hay otra lengua vernácula o, mejor dicho, un dialecto que se llama creol, instrumento de comunicación entre los cuatro millones de habitantes del país. La mayoría del pueblo, especialmente los campesinos, no hablan el francés. En cambio la 'flor y nata' y las clases cultas sí, y al respecto podemos afirmar que lo manejan como cualquier auténtico francés. Detengámonos un poco sobre el creol, puesto que constituye una de las facetas más interesantes de la cultura haitiana. El creol se formó de los dialectos franceses traídos por los colonos que se establecieron en las Antillas como Martinica, Guadalupe, Haití. Al contenido básico de los dialectos franceses se agrega una influencia española que procede de la primera ocupación de esta isla por los españoles. El creol posee su estructura gramatical propia y un vocabulario bastante rico. Al respecto, el lingüista haitiano Jules Faine ha escrito la Philologie creóle 1, y el ilustre profesor norteamericano Robert A.
Hall, Jr., actualmente catedrático en la Universidad de Cornell (Estados Unidos), un interesante libro sobre Haitian creóle: grammar texis, vocabulary, publicado por la American Anthropological Association
en Washington 2.
En el creol hay palabras que no tienen nada que ver con el francés y que toman su origen en el español. Los ejemplos que ofrecemos a continuación tienen el mismo significado en ambas lenguas: berejen
= berenjena; bobo = bobo; busqué - busque (imperativo de buscar); cachapicá = pica con la cacha; ciruel = ciruela; cocoló = cabeza en forma de coco; curidil = correveidile; chuipá = chupar; gadyé = gallera; golpe = golpe; loque - loco; mangó = mango; nich = nicho; tchul - chulo; tocay = tocayo; zapat = zapato. El léxico español constituye una fuente importante del crcol y, a pesar de la mezcla de otros dialectos desde el principio de la colonización, sobrevive en la lengua vernácula de Haití.
No cabe duda de que la lengua inglesa también ha influido en el creol por la simplificación de la forma verbal que se parece más al inglés que al francés. En el mecanismo del verbo, esta influencia es muy notable en el hecho de que el pronombre sólo cambia ante la forma verbal que es invariable, y así tenemos la conjugación del verbo ecr't =. escribir; en modo indicativo: tnap ecr't (escribo) - I write; uap ecr't (escribes) - you write; lap ecñ (escribe) - he writes; nap ecr't (escribimos)-we write; uap ecr't (escribís)-you write; yap ecr't
(escriben) - they write.
Como podemos darnos cuenta, la gramática se caracteriza por su extrema sencillez, debido a la eliminación de la conjugación. Hay ciertos modos de expresarse en creo! que recuerdan el dialecto africano, como la repetición del adjetivo para indicar el superlativo; por ejemplo, al hablar de una chica muy guapa, se dice: cé ñu bel bel bubut; y de un animal muy pequeño: ñu ti bel tu pit't pití. Otra observación: los pronombres, verbos y adverbios se repiten de la misma manera para indicar la continuidad del movimiento; por ejemplo: avan li rivé, li cur't, li cur't ampil ampil, lo que quiere decir: antes de llegar, ha corrido y corrido mucho.
Esta lengua vernácula ha dado lugar a polémicas interesantes entre los que la consideran como vehículo de cultura y los que la desprecian. El mismo problema de analfabetismo se ha planteado en Haití como en los países indígenas de América cuando se trata de defender las culturas autóctonas en sus programas de reivindicaciones sociales.
Haití es esencialmente un pueblo en que la cultura popular se expresa en creol y la refinada en francés. Otra faceta interesante de la cultura haitiana se encuentra en su literatura. Haití, por no ser un país de lengua española o inglesa, vive muy aislado en América. El único punto de apoyo de su cultura es Francia. Indiquemos algunas características de la literatura haitiana de expresión francesa:
Al principio, la literatura haitiana fue una literatura militante. Nació en la época agitada de la revolución que dio por resultado la gran epopeya de Toussaint Louverture, la proclamación de la Independencia de Haití en 1804. Por consiguiente, los primeros documentos de la literatura haitiana son tratados, convenciones, estudios y memorias. El escritor más destacado de este período fue Julien Raymond, considerado como el precursor de los escritores negros de lengua francesa. Este origen guerrero ha dejado su sello profundo en nuestra literatura. La mayoría de los autores escribieron mucho más para darse a conocer que para hacer obra literaria. Inspirados por la lucha heroica para obtener la libertad, apasionados por los problemas humanos que habían arruinado al país física y moralmente, casi todos fueron políticos. Es por eso por lo que los primeros escritores fueron sobre todo historiadores, entre los cuales recordamos los nombres célebres de Beaubrun Ardouin, Emile Ñau, Lcspinasse, Saint-Rémy, Thomas Madiou.
Como decíamos, el único punto de apoyo de la cultura del pueblo haitiano es Francia. No es raro que los haitianos enterados de las nuevas corrientes literarias de Francia, las expresen en sus propios escritos. Son los que hallan su inspiración en los románticos y simbolistas franceses. Se les reconoce en el empleo de las imágenes, en la forma esmerada, en los temas que tocan lo humano, lo nacional, lo heroico, lo extraordinario. Entre los mejores poetas de este grupo, podemos mencionar a Osvvald Durand, Charles Moravia, Amédée Brun, Luc Grimard, León Laleau, Dominique Hyppolite. A este grupo pertenecen dos grandes escritores: Massillon Coicou, cuyas obras dramáticas en versos, Liberté y Le jils de Toussaint, fueron representadas con mucho éxito en los teatros de París, y Etzer Vilaire, a quien la Academia Francesa galardonó por sus Poésies completes.
Las tendencias científicas de fines del siglo xix se reflejaron en nuestra literatura. Los escritores, en su mayor parte sociólogos, produjeron obras de la más honda erudición. El ilustre diplomático Anténor Firmin publicó valiosos estudios sobre Francia y los Estados Unidos, y un importante libro titulado De la igualdad de las razas humanas 3. El campo científico sigue produciendo hasta ahora representantes califica
dos: Dantés Bellegarde, autor de La historia del pueblo haitiano 4; el doctor Jean Price Mars, Así habló el tío 5; Jules Faine, La filología criolla; el doctor Pressoir, La geología de Haití; Jules Blanchet, Las finanzas haitianas.
En el siglo xx las letras haitianas conocieron su mayor esplendor. Novelistas y poetas se dieron cuenta de la bella fuente de inspiración que constituyen los temas nacionales. La observación profunda de la realidad haitiana dio ocasión a un florecimiento de novelas llenas de interés y belleza humana.
Entre los novelistas contemporáneos hay que recordar a J. B. Cinéas, La herencia sagrada; Marc Verne, Lañe Villarceaux; Henoc Trouillot, Carne, sangre y traición 6. Pero los dos nombres más famosos son el de Jacques Roumain, autor de Gobernadores del rocío7, que conoció un rotundo éxito tanto en Europa como en América, y el de Philippe Marcelin, cuya obra Canapé vert 8 ganó el premio de la novela panamericana.
Entre los poetas modernos, los llamados poetas de la rebelión, destaquemos otra vez a Jacques Roumain, autor de Bois d'ébene9. Su desaparición prematura hizo que Jean Brierre expresara un homenaje postumo en aquellos versos conmovedores:
Tes yeux ne nous voient plus;
Ton regard nous éclaire.
Tes lévres sont glacécs;
Ton sourire nous féte.
Jean Brierre es autor de varias otras obras poéticas, de las cuales la más íntima se titula Chansons secretes.
Citemos, además a Roussan, Camillc, Assaut a la nuit; Félix Morisseau Leroy, Plenitudes; Rene Depestre, EttncelUs; Louis Neptunc, Gouties de fiel; Frank Fouché, Message. No olvidemos dos nombres populares en nuestros días: Magloire St. Audc et Cari Brouard, por su originalidad. El primero descubierto, hace poco, por el surrealismo francés. Ni las promesas del triunfo, ni las solicitudes de los editores han podido convencer a este poeta misterioso para comulgar con el público. La mayor parte de sus escritos quedan inéditos. El segundo, poeta vagabundo, escribe sus versos para decirlos a sus amigos y los publica de vez en cuando en la prensa diaria. En los barrios más humildes, en las pobres casas campesinas, Brouard ha descubierto su universo poético. El día en que se logre recoger sus poemas en volumen, tal vez se pueda decir de él que es uno de los poetas más genuinos de lengua francesa de nuestra época.
Actualmente, una tendencia moderna entre algunos escritores contemporáneos es la del africanismo, lo cual hace pensar en el indigenismo evocado en la literatura de algunos países hispanoamericanos. Para ellos, lo africano es la nota auténtica. Hay que buscar en los orígenes africanos, penetrar en el alma africana para revelar el secreto de la raza, pues, de lo contrario, Haití sería una imitación imperfecta de Francia. Esta tendencia se refleja en el arte, sobre todo en el folclor y la pintura popular: pincelada de los tambores, danzas campesinas, ceremonias del vodú (el vodú es una creencia popular basada sobre el culto de los antepasados).
Para Haití ninguna antología puede reflejar una fiel imagen de la expresión poética de su pueblo que ha tomado conciencia de sus afinidades africanas y que se ha dado cuenta de la originalidad de su cultura y del significado de su destino.
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1 Port-au-Princc, Imprimerie de l'Etat haitien, 1936.
2 Washington, American Anthropological Center, 1953.
3 De l'égalitc des races humaines, París, Maison Cotillón, 1885.
4 Histoire du peuple háitien, (Collcction du tr'cinquantenaire de l'Indépendance haitienne), L.-uisanne (Suisse), Imprimcric Held, 1953.
5 Ainsi parla l'oncle, Imprimerie de Compiegne, 1928.
6 Chair, sang et trahison, Port-au-Prince, Imprimerie Pierre-Noel, 1947.
7 Gouverneurs de la rosee, París, Les Editeurs Françáis Reunís, 1961.
8 PIERRE et PHII.IPPE MARCELIN, Canapé vert, New York, Edition de la Maisom
Francaise, 1944.
9 Port-au-Prince, Editions Henri Deschamps, 1945.
Escrito por:
GÉRARD BRUN

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