AISLADAS POR LARGO TIEMPO de casi todo el acontecer artístico del Caribe, las artes plásticas de Jamaica, en especial la pintura y la escultura, se manifiestan con una personalidad poderosamente peculiar e inquietante. Los artistas jamaiquinos, particularmente aquellos que se destacan como los más progresistas, denotan poseer internamente una insularidad similar a la que geográfica, económica y culturalmente posee su país. La poca comunicación y el aparente desinterés por lo que sucede con su vecinos hispanoamericanos son tan solo una muestra. En la mayoría de esos países, el arte de Jamaica permanece como una gran incógnita.
Claro que de ninguna manera quiere decir esto que el arte de Jamaica sea desconocido completamente en el extranjero. De hecho, sus artistas más notables, o por lo menos un buen número de ellos, se han presentado en Estados Unidos y en Inglaterra en diferentes exposiciones, como por ejemplo "Jamaican Art 1922-1982", expuesta por intermedio de Sites en el BID, en la antigua sede de la calle 17. Asimismo, varias exposiciones de arte de Jamaica han tenido lugar en Londres, por ejemplo "Jamaican Intuitives", expuesta en el Commonwealth Institute. Algunas otras, como fue el caso de la exposición "New World Imagery", organizada por la Hayward Gallery, de Londres, recorrieron varias ciudades de Inglaterra. Todas esas exposiciones, sin embargo, han referido el arte al contexto particular del propio del país.
Esta exposición, en cambio, intenta establecer una perspectiva diferente, enfocada desde afuera más que desde adentro de Jamaica. Sin restarle importancia a eventos históricos que son motivo de orgullo nacional, ni menoscabar los logros individuales de los artistas jamaiquinos, es normal que, mirado desde este ángulo distinto, el arte seleccionado para la exposición plantee un abanico de nuevos interrogantes.
La selección ha dejado fuera obras tradicionalmente consideradas iconos del arte nacional, por ejemplo las esculturas Negro Aroused de Edna Manley, y Head de Ronald Moody, ambas en la colección de la National Gallery of Jamaica. Dado que estas obras poseen un carácter emocionalmente significativo, incluirlas podría resultar contraproducente para la exposición.
La evolución del arte en Jamaica hasta el inicio de los años sesenta de este siglo, visto a través del cristal histórico nacional, parecería en principio reafirmar el esquema tradicional de una cultura que en lo político no se ha apartado completamente de su modelo colonialista, sino que permanece amarrada a éste, principalmente las elites económicas.
Una de las consecuencias es que lo artístico queda supeditado a dicha situación, impidiendo el desarrollo de una ideología o una forma de pensar que, articulada e integradamente, identifique el carácter verdaderamente pluralista de la sociedad. En esta forma, el proceso que eventualmente lleva a una sincretización de todos los elementos que intervienen en ella no ocurre, o se desenvuelve con una gran lentitud.
Cuando miramos el mapa total de naciones-islas del Caribe, como Cuba, Haití o República Dominicana, e inclusive su homólogo más cercano, Puerto Rico (que goza de un estatus político muy similar al de Jamaica), vemos que en ellas puede con más facilidad relacionarse el producto artístico con el conglomerado social, como respuesta a un comportamiento cultural. El auge del grabado en Puerto Rico al comienzo de los años cincuenta, por ejemplo, se originó por una necesidad que inicialmente no tenía nada que ver con lo artístico: la enseñanza de la medicina preventiva dentro del sector de la población más desfavorecida, por medio del afiche impreso, de bajo costo. Esta situación nos habla de cómo ciertas iniciativas pueden estimular el desarrollo humano en otros campos, manteniéndose ese desarrollo contextualizado dentro de las aspiraciones comunitarias.
Este y otros fenómenos parecidos contribuyen a establecer un comportamiento cultural en sus manifestaciones visuales, que, como en el caso del grabado puertorriqueño o el mismo muralismo mexicano, se expresa a nivel popular con gran claridad por tener una relación directa e identificable con las causas del cambio social y político. En la trasmisión de la memoria cultural, hay ciertos patrones que permanecen, puesto que aun en su transformación la sensibilidad nunca pierde su conexión espiritual con los parámetros colectivos.
Al analizar el arte de Jamaica, con excepción del correspondiente a la elite colonial, resulta difícil identificar parámetros colectivos, entre otras razones porque las obras de otros segmentos sociales no parecen haberse conservado con el mismo interés. La fragmentación resultante confiere a la exposición una cualidad peculiar dado que presenta obras con intenciones y sentimientos disímiles. Desde otro ángulo, explica su discontinuidad histórica, lo cual demuestra que ello no es inconveniente para que puedan producirse, como por combustión espontánea y en un momento dado, manifestaciones de extraordinaria vitalidad artística cuya dinámica es la ausencia de referencias inmediatas.
Por lo tanto la imposición de la cultura inglesa en Jamaica, si fuera a juzgarse solamente por los resultados plásticos del acervo hasta ahora acumulado en el país (y fuera de él), parecería más un ejercicio mental que otra cosa, puesto que la evidencia física, en muchos casos, nos habla de otras realidades que han existido aunque no aparezcan con igual contundencia en los diversos estadios de otros hechos históricos. Ejemplos de estas realidades los constituyen la existencia --aún por profundizar-- de un arte Taíno y Arawack en la isla (1); la relativamente efímera presencia española (2) y el desdén con que inclusive hoy se mira dicho acaecer en retrospectiva (Jamaica no se vinculó a las celebraciones del Quinto Centenario); y la contundente presencia africana que representó en un momento dado el 95% de la población (actualmente cerca del 75%), además de otras minorías como la mestiza, la libanesa, la china y la indú (cuyas migraciones se produjeron alrededor de 1845).
La presencia de tradiciones africanas, por ejemplo, no sería incorporada abiertamente a la expresión artística, incluyendo la literaria, hasta mediados de la década del 1930. No podría por lo tanto asumirse que dicha presencia no tiene nada que ver en el desarrollo del país.
ISAAC MENDEZ BELISARIO
Cocoa Walks, c. 1840
National Gallery of Jamaica
ALBERT HUIE
The Vendor, 1939
National Gallery of Jamaica
MILTON GEORGE
Head of a Leader, 1988
Guy McIntosh Collection
WINSTON PATRICK
Guango Form, 1978
National Gallery of Jamaica

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